Huyo del sutil roce de tus manos,
escapando de mi adicción a ti
apartándome de recuerdos lejanos en
vano,
abandono lo que un día sentí, lo que
viví, lo que fui
lo que fuimos juntos, lo que ya no
seremos
forjemos un telón de acero
para evitar recordar que aún te
quiero,
que aún añoro tus labios
que como arrabio
queman aún sobre mi piel
soy aquél
que se desvive
que no sigue
porque se ha quedado
totalmente atrapado,
y no lo asimila,
atrapado,
entre Caribdis y Escila.